viernes, 16 de junio de 2017

The Dog Who Dared To Dream

Muchos libros me han marcado de distintas formas, pero hay algunos que se meten hasta el fondo del corazón a la velocidad de la luz y tocan todos y cada uno de los átomos que componen mi ser. Este es uno de ellos. Lo compré en la estación de Montparnasse, y me absorbió todo el trayecto en tren. Al llegar a Goupillières, lo dejé aparcado para ponerme a trabajar. Lo he terminado mientras esperaba a que se cargara la batería del ordenador. Y tengo el corazón encogido, los ojos llenos de lágrimas por esa historia tan dolorosa, hermosa, esperanzadoramente bella que es la de Scraggly. Supongo que el final me debería hacer feliz, pero me tiene con un nudo en la garganta, el corazón tiritando y los ojos rojos, la vista nublada. Scraggly se ha acomodado en mis entrañas, justo en ese lugar que ocupa desde hace años el Zorro de El Principito, y me ha llevado a hacer algo que no he hecho nunca: lanzarme como una loca a foros de lectura y a Instagram, poner una foto de mi ejemplar, junto con el hashtag #thedogwhodaredtodream y buscar luego espíritus afines que se hayan sentido tan conmovidos por el libro como yo lo estoy, así como la necesidad imperiosa de escribir esta entrada en un blog que tengo bastante abandonado. Bienvenida, Scraggly.

****SIGUE MÁS ABAJO UN COMENTARIO QUE NO ES SPOILER PERO CASI ****




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Habría deseado otro final, pero creo que este es, en vista de mis angustias existenciales, el mejor de todos.

lunes, 20 de marzo de 2017

19 de marzo de 2017 - aún invierno de 2017

Sé que la primavera y el verano también tienen sus cosas buenas; pero yo soy más otoñal e invernal, y me da pena cuando terminan estas estaciones. Me gusta la luz de septiembre, la que anuncia que se acortan los días y, aunque pueda parecer que la luz del principio de la primavera es la misma, en realidad no lo es. Mi primer otoño y mi primer invierno sin Princesse desde que la conozco. Hoy la "veía" merodeando por el jardín, y el buen tiempo me acerca al día de agosto en que hará un año que se fue. Un año hizo el 15 de marzo que llegó Blusky, para irse cinco meses después. Ausencias, como lo será mañana el invierno de 2017, no sin que antes me permita copiar aquí una cita de la antología Winter, editada por Melissa Harrison. El mes es febrero, pero es el último texto en la antología; el que anuncia el final del invierno y la llegada de la primavera. Volverá el invierno de 2017, pero sólo durante los últimos días de diciembre. Nos llevará a 2018, pero hasta entonces nos queda una primavera, un verano, y un otoño que ya anhelo. A ver si aprendo a aparcar esta melancolía que me traen los días que se alargan y que me anuncian, como no lo hace el invierno, que otro año se ha pasado.

Every year, in the third week of February, there is a day, or, more usually, a run of days, when one can say for sure that the light is back. Some juncture has been reached, and the light spills into the world from a sun suddenly higher in the sky. Today, a Sunday, is such a day, though the trees are still stark and without leaves; the grasses are dry and winter-beaten.

The sun is still low in the sky, een at noon, hanging over the hills southwest. Its light spills out of the southwest, the same direction as the wind: both sunlight and wind arrive together out of the same airt, and invasion of light and air out of a sky of quickly moving clouds, working together as a swift team. The wind lifts the grasses and moves the thin branches ofthe leafless trees and the sun shines on them, in one movement, so light and air are as one, two aspects of the same entity. The light is razor-like, edging grasses and twigs of the willow and apple trees and birch. The garden is all left-leaning filaments of light, such as you see on cobwebs, mostly, too hard to be called a sparkle, too metallic, but the whole garden's being given a brisk spring-clean. Where ther are leaves, such as the holly 200 yards away, the wind lifts the leaves and the sun sweeps underneath. All moving because of the fresh wind.
Now the town's jackdaws are all up in a crowd, revelling in the wind, chack-chacking at each other. And I hear a girl's voice, one of my daughter's friends, one of hte four girls playing in the garden. She makes a call poised just between play and fear. What are they playing? Hide and seek? No matter. It pleases me that my daughter says they are 'playing in the garden', because they're eleven years old; another year or two and they wouldn't admit to 'playing' at all, and for a while the garden will have no appeal, because everything they want will be elsewhere. For a few years they'll enter a dark mirror-tunnel whose sides reflect only themselves.
The girls themselves can't be seen, obscured by trees and that edgy, breezy light. The year has turned. Filaments and metallic ribbons of wind-blown light, just for an hour, but enough.

Kathleen Jamie, Sightlines, 2012.






sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!

Me duelen las ausencias mucho más este día en el que todo se subraya, pero me llenan el corazón las presencias con quienes tengo la fortuna de vivir.  Me duelen los excesos, la cantidad de animales que mueren, cifras que se disparan en estas fechas y que a mí se me clavan como dardos, pero no voy a permitir que apaguen mi casi extinta ilusión. Mi carta a Papá Noel y a los Reyes Magos sólo llevaría un deseo: que aumente el número de gente que opta por no alimentarse de animales.



















¡Feliz Navidad! Muy especialmente a quienes compartís esta filosofía de vida, este imperativo moral, porque entendéis perfectamente de qué estoy hablando y me ayudáis a no sentirme tan sola.




jueves, 22 de septiembre de 2016

¡Bienvenido, otoño!


Ya está aquí el otoño, ya ya puedo empezar a leer el libro que pedí hace algunas semanas para conmemorar la época que, después de la Navidad, más me gusta del año. La introducción confirma que somos muchas quienes preferimos esta estación. Como pienso comprarme los siguientes libros dedicados a esta estación, habrá que ver qué dice la editora en la introducción a las otras. 









Además, hoy es el cumpleaños de Bilbo y de Frodo Baggins. Para celebrar ambos eventos, he hecho este bizcocho vegano; una variación del clásico bizcocho de yogur, sustituyendo los huevos por plátanos y No-egg y el yogur tradicional, por yogur de soja. En mi blog sobre cocina "vegaterránea" podéis encontrar la receta (http://vegaterraneancorner.blogspot.com.es/2016/09/bizcocho-de-cumpleanos-de-bilbo-baggins.html)  y, en este otro, el viaje que inicié este mes de septiembre con la relectura de The Lord of the Rings(http://margaontheroadwithhobbits.blogspot.com.es/2016/09/a-long-expected-party-x.html).


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Pelado



Ya no hay torneo del Toro de la Vega; ahora lo llaman Toro de la Peña. El toro no muere alanceado, pero muere igualmente, después de que la panda de cazurros tordesillanos se dedique a hacerlo correr, asustarlo, fatigarlo. Exhausto, Pelado se paró a beber agua de los charcos que había en la carretera, se refugió en el campo, fue anestesiado con un dardo tranquilizante y será (o ha sido ya, aquí las informaciones difieren) sacrificado de una descarga eléctrica. ¿Por qué hay tanta gente-mierda que sólo sabe divertirse torturando a quienes consideran sus inferiores? Para mí está claro quienes son los bestiajos de esta historia. Pelado, como todo ser vivo, quiere continuar viviendo, y su vida, para mí, tiene un valor infinitamente mayor que la de todos los tordesillanos y tordesillanas juntos. Pelado lindo, no pararemos hasta la abolición.



lunes, 15 de agosto de 2016

Y ahora Blue, Blu(e)sky :_(

Blu(e)sky (segundo por la izquierda) el día que llegó a casa. Qué pocas fotos me ha dado tiempo a hacerle.
También estaba todavía Nati (primera por la derecha, escondidilla)

Llegar a casa con el corazón roto y encontrar a Blusky en el suelo de la jaula, muerto, ha sido un bofetón que me ha dejado paralizada. Tres pérdidas en lo que va de año, y dos en tres días. No da tiempo a que se seque el pegamento del corazón cuando ya hay que estar volviendo a pegar. Por favor, una tregua.
Blusky llegó a casa el 15 de marzo y se ha ido el 15 de agosto. Así, silenciosamente, sin avisar, como lo hicieron en su momento Chiqui, Summery y Wintry. Era un periquito saltimbanqui, lleno de vida, y no entiendo nada. No sé la edad que tenía porque lo encontró mi amiga Rosa, que lo salvó de morir atropellado y yo lo adopté. Bueno, de hecho quedé con su hija Lola en que Blue (el nombre que ella le había puesto) era suyo, pero se alojaba en mi casa. No paró de hacer cabriolas en el rato que estuvo en el veterinario cuando lo llevé para que le quitaran la anilla que llevaba, mientras curaban a Nati. Ahora descansa con ella y con Misi, bajo el laurel de Daphne que planté hace tres meses, cuando enterré a Nati. Y yo estoy todavía que no me lo creo. Tiritando tengo el corazón.
Hemos compartido poco tiempo juntos, Blusky, pero cómo te has sabido hacer querer pequeñajo. Vuela hacia ese cielo azul como tú. Te quiero, pequeñín, y ya sabes que Love trumps death.


Su primera noche con su nueva familia, aquí con Trisky.

viernes, 12 de agosto de 2016

Princesse, mi Pinche, Pinchelinda, Pinchelora


Mirando por la ventana el día que llegó Portos
Estoy rota, traspasada de dolor, pero no quiero que termine el día sin escribir una entrada a Princesse, la compañera de Matthias desde hace más de 14 años y la mía desde hace 13. Hoy ha sido el día tan temido. El día al que me asomaba desde que empezó a flaquear hace casi un mes y que, con ese simple asomo, hacía que me ahogara y que no pudiera imaginarme la vida sin ella. En estos días en que me he despedido, me he vuelto a alegrar con su recuperación, a venirme abajo cuando flojeaba otra vez no sé cuántas veces me he dicho que no me hace ilusión vivir,  que vivir supone acumular despedidas y sufrimiento. No es la primera vez que lo siento, amar significa dejar el corazón abierto para el dolor. Pero también para las alegrías. Y, como siempre, me viene a la mente la cita de Shadowlands: "The pain now is part of the happiness then. That's the deal". Y lo pensaba cuando estaba con ella, agarrándole la mano, cubriéndola de besos, dándole de comer y de beber, cantándole, contándole cosas y dándole las gracias por existir y por estar en mi vida. El dolor ahora es horrible; veo su ausencia por todas partes y sé que siempre la veré. Pero no quiero que el dolor borre lo que hemos compartido juntas, ni que me oscurezca el amor tan grande que le tengo a todas/os y cada una/o de quienes ya no están aquí físicamente. Ahora tengo grabados a fuego esos últimos momentos, pero también estas noches en las que he estado durmiendo con ella, cuando ha estado en el sofá conmigo viendo Grantchester, o ayer que nos zampamos dos pelis de Star Trek. Me quedo con el susto tan grande - que afortunadamente se quedó en eso - que me pegó cuando huyendo de otro perro se cayó de espaldas y se refugió conmigo; me quedo con esos ojos que miraban fijamente al trozo de comida que tuviéramos en la mano y esa boca que empezaba a babear; me quedo con ese gruñido que pegaba cuando dejabas de acariciarla y quería más; me quedo con esa cabeza colgando del sofá cuando estaba fritica, con esos arañazos en la puerta para entrar cuando tiraban petardos, con esas carreras para entrar a casa por la noche, con esos pasos subiendo la escalera que se paraban automáticamente si Michi estaba en el camino, con ese cuerpo en la cama que me ha acompañado tantas veces cuando Matthias estaba fuera (he llegado a dormir con Michi, Mani y Princesse; con Portos, imposible) y también cuando Matthias estaba aquí. La de veces que se ha acomodado a su lado antes de que yo llegara; la de veces que se ha acurrucado junto a mis piernas.


La Nati Abascal canina (según Carmen Aguilera). Más quisiera Nati Abascal ¿no, armen?


Me quedo también con esos pasitos lentos que daba en los últimos días, con la alegría cuando se levantaba sola, pero también con el dolor que me producía ver que no se podía levantar. Me quedo con esos ojos que buscaban a Matthias, con esa devoción. Me quedo con todo, porque todo esto y mucho más es lo que da forma a mi relación con Princesse. Me quedo con el amor, con mucho amor. Sé que ha recibido mucho y espero que sepa lo mucho que he recibido yo de ella. Lo mucho que sé que voy a seguir recibiendo, porque la voy a querer siempre. Le ha dado a mi vida un color aPrincesado y ese color no se va a ir nunca, aunque ahora esté rabiando de dolor.

Vagueando en su sillón preferido, antes de que lo fuera el sofá
Me quedo contigo, Princesse. Corre como tú sabes, encuentra a quienes te estaban esperando y espéranos. Si no es mucho pedir, hazte sentir.
Te quiero, mi Pinchelinda.